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Abrir procesos, ¿cerrar procesos?

Al más puro estilo «dar cera, pulir cera», esto es algo que a veces se nos olvida cuando empezamos una tarea: acabarla o cerrarla. Luego nos encontramos con que tenemos chorrocientas pestañas abiertas en el navegador web o lo que es peor… la mesa de trabajo con papeles del día anterior que dejamos abandonados y no archivamos. ¿El resultado? Una mente un poquito dispersa y agobio porque tenemos muchas cosas que hacer.

Yo he sido muy disperso con los años y me ha costado ponerme a cerrar procesos que tenía abiertos, pero a la larga me ha venido bien ponerme a ir despejando todo y ahora tras un tiempo de entrenamiento en casa estos meses de 2020, puedo decir que navego más tranquilo teniendo 3-4 pestañas de Chrome abiertas simultáneamente, aunque a veces se me complica la cosa y llego a 20. Pero cuando me doy cuenta me freno y recuerdo la prioridad.

¿Ayudas para esto?

Lo más básico que me ha servido ha sido interiorizar que «no somos multitarea», a pesar de que el mundo actual nos demanda que seamos multitasking y multitodo. A la mierda. El ser humano no está diseñado para vivir estresado, nos hemos complicado la vida nosotros como especie.

Somos unos cuantos los que tenemos tendencia a estar con varias tareas a la vez, y a no terminar en el tiempo que se supone que tardaríamos en cerrar una tarea. Para esto, hace tiempo encontré una app llamada Forest, que lo que hace es que se queda abierta y un arbolito va creciendo según pasan los minutos que invertimos en la tarea actual. Esto puede ser un incentivo para que fomentemos nuestras raíces e intentemos estar más enfocados.

Pongo mi foco… No pongo mi discoteca

Las personas que más foco tienen consiguen poner su foco láser con poca dispersión, pero cuando vivimos en un mundo tan lleno de estímulos, hay que encontrar la manera de que podamos terminar nuestras tareas amándolas y sin desistir a medio camino. Hace tiempo os hablaba de las tapas de los champús que nos dejamos abiertas en la ducha, las pobres… Y ahora vengo a rescatarlas para recordar que tampoco es un drama no cerrar las tareas, las vas a seguir teniendo abiertas para que las termines cuando te quieras dignar a ello, aunque la satisfacción de abrir una tarea y conseguir terminarla es muy guay. Al final del día se traduce en menos contracturas y menos estrés.

Reduce tu lista de tareas

Aquí podríamos usar la matriz de Eisenhower para ayudarnos a decidir qué tareas atacar primero: centrarnos en estas y luego pasar a lo siguiente. ¿Qué es lo urgente? ¿Qué es lo importante?

Aquí encontraremos que hay personas a las que les gusta más empezar por lo fácil y otras por lo difícil, pero es que también hay otro grupo de personas que cuando ven que algo viene impuesto por obligación, les da más pereza ponerse con ello y entonces aparece la procrastinación.

Deshaz la maraña en tu escritorio/habitación/casa

Otra cosa que puedes hacer para no caer en la eterna apertura de procesos es limpiar y ordenar todo lo que tienes en casa, o lo que algunos llaman «hacer un Marie Kondo». Yo soy partidario de no ser demasiado nazi con tirar objetos, pero sí guardar y apartar de la vista todos los elementos innecesarios en la mesa de trabajo, por ejemplo.

Me he dado cuenta de que mi orden mental disminuye cuando tengo la mesa llena de cosas. Trabajo mejor cuando tengo poca cosa en la mesa. Esta es muy obvia, pero no siempre nos la tomamos en serio. Cuando me doy cuenta de que es imposible concentrarme con toda la vegetación que tengo alrededor es cuando saco la katana y me pongo a despejarlo todo.

La «casa externa» influye en la «casa interna»

Todo lo que limpies y ordenes a tu alrededor al final repercutirá en tu higiene mental y además, seguro que luego encuentras todo más rápido y terminarás cada tarea con un sentido de realización mucho mayor.

Mejor ir de una en una [tarea] que de dos en dos

A muchxs nos tienta demasiado mirar el móvil, las redes sociales, la tele, escuchar música o qué sé yo… las notificaciones del Tinder/Grindr. Todo esto son ladrones de tiempo y boicoteadores de nuestra productividad. A mí me ha costado tiempo ver esto, porque yo en mi burbuja pensaba que era súper eficaz estando por dos (o más) cosas a la vez.

El otro día estaba montando una estantería de Ikea (monísima y aparentemente fácil de montar) y me flipé pensando que sería «pan comido». Me puse música y mientras la montaba, alguien me escribió y yo iba entre el manual de instrucciones y WhatsApp, creyéndome que todo iba bien. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que había puesto uno de los laterales de la estantería al revés y me tocó quitar TODOS los tornillos y desmontarla toda para volver a empezar.

La cuestión es que tampoco me fijé bien la segunda vez porque me fijé más en cantar al ritmo de la música y me confié: ahora el manual me pedía que volviera a quitar TODOS los tornillos de cada balda, para introducir una pieza en cada esquina, sumando por consiguiente el doble de tiempo para montarla.

¿Moraleja?

No te confíes y hazlo sencillo, sin adornos. En mi caso, a lo mejor lo que sobraba era el móvil a mi lado, pendiente de si recibía algún mensaje. El crush puede esperar. La estantería también, pero realmente, la quieres ver mona puesta para pasar a por el siguiente mueble.

La atención es un bien preciado y da frutos a quienes la cuidan

Empezar algo y terminarlo suena fácil, pero el problema es que no nos sentamos y somos fieles a esa tarea, sino que la pervertimos y dejamos que entren factores externos.

Los creadores de contenido que se dedican a seguir con constancia la actualización de sus blogs, redes sociales y newsletters, por ejemplo, consiguen llegar a resultados en un lapso de tiempo X porque se han sentado y se han pringado las manos en cada artículo. X puede ser mayor en función de la dispersión en la estrategia.

Quiero pensar que el fruto de su éxito no es tanto por la compra de seguidores sino de la constancia y el trabajo que hace el posicionamiento en buscadores de un texto bien escrito: al final el contenido hecho trabaja por ti y el crecimiento llega tarde o temprano, porque has sabido ser constante y has mantenido el foco.

Un árbol crece y consigue que su tronco sea estable y robusto porque ha sido regado frecuentemente.

¿Cuántos procesos abiertos podrías cerrar hoy? Aunque solo sea uno, seguro que eso te ayuda a acercarte un poquito más al foco

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Fotografía por Finn Hackshaw en Unsplash

Por Daniel Vázquez

Periodista y Coach especializado en creatividad y comunicación. Dirijo sólido a la vez que acompaño como Coach en el Programa de Coaching y Mentoring Creativo de Pongo mi foco [ tw | in ]

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