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Como el agua

En la isla de «Reclamo mis unicornios» tenemos cabida todxs: aquí no hay definiciones o etiquetas; tampoco hay muros más allá de aquellos que nos imponemos a nosotros mismos. En el faro que preside la playa volcánica de la isla viven nuestros unicornios, los cuales, aunque hayan sufrido roturas, al más puro estilo Kintsugi han sido reparados creando algo único e increíble. Es hora de reclamarlos, hacerlos nuestros y conocerlos.

Somos como el agua y sus estados: todos tenemos una personalidad cambiante y evolutiva. Somos tan parecidos al agua, que es maravilloso cuando podemos fluir, adaptándonos al contorno de los acantilados que rodean la isla. Congelarnos y no dejar pasar, y decir «hasta aquí llegué» para cerrar un camino o convertirnos en un iceberg para que otros pasen y ayudarles. O incluso evaporarnos, haciendo bomba de humo, para volvernos a convertir en líquido y caer en un nuevo lugar. Cuando el agua reclama su lugar, nada ni nadie puede detenerla.

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Reclama tus unicornios

Yo soy libre de reclamar lo que quiera en esta vida. También puedo ver qué tengo dentro de mí; ver qué puedo compartir con los demás desde la luz, desde la construcción de algo mejor.

Tuve que soportar bullying desde los tres años por ser diferente (amanerado, afeminado y por irme con las chicas en la guardería y en el cole) y a día de hoy -con 33 años-, si digo que me gustan los hombres, me pongo tacones o «saco la pluma», todavía hay quien (diría que más de un@ y más de dos) que se gira.

Creo que tengo una sensibilidad que me hace ver muchas cosas que otros no han visto de la misma manera que yo. Muchas veces se me ha señalado «por lo que he hecho mal» o «por lo que me falta para ser como ellos».