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Hermione Granger y la feminidad

Es difícil vivir en el mundo actual sin haber entrado en contacto con el maravilloso mundo de Harry Potter. En especial los millennials y GenZ, muchos de nosotros hemos crecido con la saga, nos hemos hecho amigos de los personajes y hemos ansiado recibir nuestra carta para Hogwarts en nuestro undécimo cumpleaños. J.K. Rowling nos ha enseñado más que nadie sobre amistad, valentía, respeto e igualdad, sin apenas darnos cuenta. No obstante, ahora que hemos crecido, veo muy conveniente que reevaluemos las enseñanzas de Harry Potter y analicemos cuánto hemos aprendido y cuánto nos queda por aprender. 

En concreto, hoy me gustaría hablaros de Hermione Granger y por qué ha sido, es y seguirá siendo un gran ejemplo para todas las niñas y mujeres del mundo. Para ello comenzaré por contaros cómo mi yo de diez años se encontró por primera vez con éste personaje. 

Yo fui siempre una niña muy callada y silenciosa, estudiosa, volcada en la lectura y en música considerada «poco convencional”. Como os podéis imaginar, todo esto fue motivo de burla para muchos, y tuve siempre mucha dificultad para relacionarme con los demás niños. Pensaba que era mi culpa, por ser como era; estaba segura de que simplemente tenía que cambiar y que así lograría ser feliz. Cada comienzo de curso me prometía a mí misma: “Este año sí, este año voy a cambiar y voy a hacer amigos. Este año voy a ser feliz.” Y cada año fracasaba, porque ¡sorpresa!, las personalidades no se pueden elegir al gusto. No penséis que os cuento esto para dar pena, ni muchísimo menos. Esto es sólo un contexto para demostrar el poder que tiene y que transmite Hermione Granger. 

Yo debía de tener unos diez años cuando mi hermana me hizo ver Harry Potter y la Piedra Filosofal por primera vez. Recuerdo que no me llamó demasiado la atención al principio, pero pocos días después volvimos a verla y me obsesioné. No tardé mucho en ver las demás películas y en leer todos los libros; prácticamente todo el tiempo que no estaba estudiando en el mundo real lo pasaba con mis amigos mágicos. Y es que precisamente sentía eso, que eran mis amigos. Después de todo, Hermione y yo teníamos mucho en común: ambas éramos estudiosas, lectoras y, ciertamente, algo pedantes. Sin embargo, ella tenía amigos, cosa que, como ya he mencionado antes, yo pensaba que era imposible. He aquí el primer gran impacto de Hermione en mi vida: me hizo ver que podía hacer amigos siendo yo misma.

Seguí creciendo, siempre acompañada de Hermione. De alguna manera se debió extender el rumor de que era fan de Harry Potter, pues, como cabe esperar, fue usado como un nuevo motivo por el que reírse de mí. No obstante, ya no me importaba tanto, porque sabía que al llegar a casa después del colegio podría volver a refugiarme en la magia y dejaría de sentirme sola. 

Tendría doce o trece años cuando empecé a hacerme mujer, y entendí por primera vez las diferencias entre un género y otro, y esto fue causa de una nueva incomodidad. Comencé a fijarme en las mujeres de mi vida y de la ficción, y me di cuenta de que en demasiadas ocasiones, su papel en el mundo era, simplemente, acompañar a un hombre. Empecé a darme cuenta de los arquetipos de mujeres en el cine y la literatura, y observé que tendían a ser mujeres extraordinariamente bellas cuya única función era terminar liándose con el hombre protagonista, o en caso de ser ella misma la protagonista, se trataría de una mujer fuerte, dominante y con muchas actitudes masculinas; en definitiva, sería un producto para consumo masculino enmascarado en una mujer empoderada. 

Hermione fue siempre su propio personaje, con su mundo interior, sus miedos y ambiciones.

Ella, sin embargo, se alejaba totalmente de este estereotipo. Nunca necesitó pareja para ser relevante en la trama, ni tuvo que adoptar costumbres masculinas para compensar esto. Por no hablar de que ni siquiera era convencionalmente bella (en los libros al menos). Y he aquí el segundo y más importante impacto de Hermione en mi vida: las mujeres no necesitamos hombres para ser relevantes; nuestra vida es nuestra y somos dueñas de nuestra propia historia y de nuestra propia belleza. 

Hermione nunca dejó que el gran Harry Potter le dijera qué hacer, y se hizo respetar desde el primer momento en que su vida se cruzó con las de Harry y Ron. Se buscó amigos sin molestarse por un minuto en cambiar su manera de ser. Siempre muy madura para su edad, Hermione supo ser responsable a pesar de anteponer el amor y la amistad, y se mantuvo fiel a sus valores a pesar de las horribles circunstancias que tuvo que vivir. Por todo esto fuera poco, la bruja es una “sangre sucia” o hija de muggles (gente no mágica), y tuvo que enfrentarse a burlas durante toda su estancia en Hogwarts a raíz de esto.

Pero ante todo, Hermione era una mujer. Una mujer profunda, independiente, que nunca necesitó ser pareja de nadie para justificar su protagonismo y que nunca necesitó actitudes masculinas para justificar su fortaleza. Hermione es, en definitiva, uno de los mejores modelos de conducta y expresión que se puede encontrar en la literatura juvenil. 

Con el tiempo he entendido que nosotras somos quienes definimos la feminidad, y no la feminidad la que nos define a nosotras. Por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo, pero es un camino precioso de seguir, con todas sus cuestas y todos sus obstáculos.

Ilustración de Daniel Vázquez

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