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Recupera aquello que te hacía vibrar hace tiempo

Todxs tenemos actividades que hemos abandonado y que antaño nos hacían vibrar, sonreír y brillar. Nuestrx niñx interior era feliz.

No quiere decir que tengas que convertir eso en tu trabajo de la noche a la mañana, pero sí que recuperar esa actitud puede hacerte un poquito más fuerte hoy en día.

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La envidia creativa: ¿de dónde viene?

¿No os ha pasado alguna vez que veis una creación de alguien y os surge un sentimiento de envidia que está en el límite entre lo sano y lo tóxico? Por un lado es un «Joder, me encantaría haberlo hecho yo» y por otro puede ser un poco de mirar por encima, pensando que «lo ha hecho con la gorra» y no queriendo aceptar el valor real de su creatividad. Quitándole mérito, creyendo que nosotrxs podríamos haberlo hecho mejor.

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Declaración de guerra al «síndrome del impostor»

Este post te ayudará a crear. Simplemente sigue estos pasos y poco a poco tendrás resultados.

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¿Estás atascadx? Prueba con alguno de estos caminos creativos

«La verdad es que no sé cómo enfocar el problema».

Esta es una frase que o bien me he dicho a mí mismo en el pasado o bien se la he oído a otros.

El post de hoy funciona como un empujoncito para salir de encrucijadas más o menos creativas.

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La importancia de sacar tiempo para crear apartado de los demás

Seguir al rebaño y hacer caso a las opiniones de los demás es de lo más fácil. No todos estamos preparados de la misma manera para lo que algunos llaman «confiar en el propio ego» y seguir a tu voz interior… Cuando además tu voz interior a veces también te dice que no, que mejor seguir al rebaño.

Por ahí leí hace tiempo que todos los que tienen un proyecto/empresa tienen que tener algo de ego y creer lo suficiente en sus ideas como para seguir adelante y defenderlas. Se requiere también de un cierto «amor propio» y de «amor hacia la propia locura» (en el buen sentido), que a veces pueden ser atropellados por la vulnerabilidad ante lo que nos dicen los demás, el síndrome del impostor y los fracasos.

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La cocina de los talentos

A veces doy por sentado que todo el mundo tiene un trabajo que les satisface y que no hay nada que cambiar. O también puedo pensar que todos estamos asqueados de nuestro trabajo y queremos cambiar.

Si estás en un trabajo que no te gusta, puede ser porque te paga las facturas o no sabes salir de él porque no encuentras algo mejor.

Y si estás tan feliz que no hay nada que cambiar y tienes un sueldo bien, entonces sigue haciéndolo -quizá el contenido de este post te ayude a reconfirmar esa felicidad profesional-.

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Como el agua

En la isla de «Reclamo mis unicornios» tenemos cabida todxs: aquí no hay definiciones o etiquetas; tampoco hay muros más allá de aquellos que nos imponemos a nosotros mismos. En el faro que preside la playa volcánica de la isla viven nuestros unicornios, los cuales, aunque hayan sufrido roturas, al más puro estilo Kintsugi han sido reparados creando algo único e increíble. Es hora de reclamarlos, hacerlos nuestros y conocerlos.

Somos como el agua y sus estados: todos tenemos una personalidad cambiante y evolutiva. Somos tan parecidos al agua, que es maravilloso cuando podemos fluir, adaptándonos al contorno de los acantilados que rodean la isla. Congelarnos y no dejar pasar, y decir «hasta aquí llegué» para cerrar un camino o convertirnos en un iceberg para que otros pasen y ayudarles. O incluso evaporarnos, haciendo bomba de humo, para volvernos a convertir en líquido y caer en un nuevo lugar. Cuando el agua reclama su lugar, nada ni nadie puede detenerla.

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Reclama tus unicornios

Yo soy libre de reclamar lo que quiera en esta vida. También puedo ver qué tengo dentro de mí; ver qué puedo compartir con los demás desde la luz, desde la construcción de algo mejor.

Tuve que soportar bullying desde los tres años por ser diferente (amanerado, afeminado y por irme con las chicas en la guardería y en el cole) y a día de hoy -con 33 años-, si digo que me gustan los hombres, me pongo tacones o «saco la pluma», todavía hay quien (diría que más de un@ y más de dos) que se gira.

Creo que tengo una sensibilidad que me hace ver muchas cosas que otros no han visto de la misma manera que yo. Muchas veces se me ha señalado «por lo que he hecho mal» o «por lo que me falta para ser como ellos».